En seis horas y 31 minutos saldrá a la venta -oficialmente- el multivenerado iPhone 3G en nuestro país. El de primera generación nunca llegó, así que será la primera vez que el mercado local (entiéndase Claro y Movistar) podrá regodearse con el ‘aparato tecnosexual por excelencia’ inventado por Su Steveza, mr. Jobs. Hubo que esperar un buen tiempo… y ya llegó el momento.
Muchos conocen mi declarado fanatismo por la marca de la manzanita; razones tengo varias pero no vale la pena mencionarlas aquí. No he pasado de tener un iPod Shuffle de los primeros que salieron, aquellos que parecían test de embarazo, pero sigo generando un amor extraño por la manzanita plateada y su manada de felinos operativos. Lógico es, entonces, que el iPhone 3G provoque todas mis ganas de tenerlo, jugar con él y salir a la calle a hablar por teléfono… aunque nadie me preste atención.

Fui testigo -con ustedes- de las actitudes insanas que despertó el iPhone cuando se lanzó en junio de este año en Europa y Estados Unidos (gente durmiendo fuera de las tiendas, concursos descabellados, desecación de las cuentas corrientes) y ya me pareció en ese momento que a la humanidad se le estaba pasando la mano. Total, no es más que un teléfono… no es el Mesías que viene de los cielos a salvarnos de las llamas del infierno. Acepto que la tecnosexualidad de Apple en general y del iPhone en particular generen reacciones ‘especiales’ (es cosa de mirarme yo mismo), pero hay que controlarse.
Como han pasado ya un par de meses, pensé que la iPhone-itis aguda sería leve en nuestro país. Quedan seis horas y media para que sean las doce de la noche del D-Day (o iPhone-Day) y en varios sectores de la nación se quiere emular los ritos casi satánicos de europeos y estadounidenses, adorando a un aparato de 12 cms de largo que no me queda claro si vale lo que cuesta.
Felipe Camiroaga animará un evento de espera en Santiago como si del Año Nuevo se tratase; en Concepción se cerrará la calle donde está la tienda de Movistar, y esta misma compañía quiere entregar de regalo un iPhone justo a las doce de la noche de hoy, mientras algunas tiendas ya estarán comenzando la preventa del aparato mientras ofrecen café y cocaví. ¿No será mucho, señores?
Creía que la idiosincrasia del chileno le liberaba un poco del materialismo sublimado hasta la demencia, pasando frío y sacrificándose por ser uno de los primeros en tener un aparato con software aún en pañales y aplicaciones que deben pagarse, sin mencionar con más detalle los precios que habrá que pagar por arrendarlo dos años. Si Camiroaga y otras estrellas del espectáculo del país se prestan también para esto… y se cierra más encima una calle, como si de la Teletón se tratase… ya no sé qué esperar de mi querido país.
Quedan seis horas y veinte minutos para que el iPhone 3G por fin se ponga a la venta en Chile. Su Steveza estaría orgulloso de vernos tiritar de frío esperando por el -ya a estas alturas- bendito aparato. ¿Quién va a ganar lugares?
Insisto, el iPhone 3G es un aparato que me encantaría tener. Pero, ¿dónde está el límite entre el fanatismo y la demencia tecnosexual? Pensaba que en Chile lo teníamos más claro.
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