- Oye, y qué especialidad quieres seguir?
Teniendo en cuenta que llevábamos una mañana de habernos conocido, y que en esa mañana había estado haciendo poli yo y ella en urgencias (o sea, cero conversación previa), me descolocó. Más aún porque no lo tengo claro, y las reacciones que he encontrado frente a mi opinión sobre la especialización no han sido favorables.
- La verdad es que no lo tengo claro – le digo. – Hay más cosas que no me gustan, y no he analizado qué me gusta en realidad.
- Ah, yo sí sé. Me gustaría ser…
Bueno, da lo mismo qué especialidad quiere ser ella, porque no viene al caso. Lo que importa es que fue una charla monumental
A partir de aquí planteo mi problema y mi reflexión.
Desde que entré la Universidad todo el que conozco hace dos cosas: me cuenta su enfermedad actual y cómo los podría ayudar, y qué especialidad me gustaría seguir. ¡Ah!, y cuanto me falta para terminar (¡odio esa pregunta!)
Siendo sincero, no tengo idea en qué quiero especializarme. De hecho, ni siquiera sé si realmente quiera especializarme. Pero a veces la presión social es demasiado. En un país donde juran que ser especialista es lo máximo, y que si eres médico general no eres nadie porque no ganas el tremendo sueldo que puedes llegar a tener, el sólo plantear la posibilidad de no especializarte genera una mirada de desaprobación.
¿Acaso el estudiar 7 años de medicina no basta?
Lo peor es que en Chile se necesitan muchos médicos generales. Y como no se llenan los cupos, vienen médicos extranjeros a trabajar.
Dejo en claro que no tengo nada en contra de los médicos extranjeros. Pero he llegado a la conclusión de que la medicina Chilena es diferente a la de otros países, y claramente el enfrentamiento con el paciente es diferente. He acompañado a médicos extranjeros en rondas de trabajo y urgencia. Por eso llego a esta conclusión. Además, dejo en claro que es diferente, no mejor ni peor
Conversando con el director del Hospital sobre este tema, llegamos a la misma pregunta. Él quería ser cirujano, y se dio cuenta cuando empezó a ejercer como general de zona, y no cuando estudiaba. Eso me dio en que pensar, y me tranquilizó.
¿Por qué ahora tengo que tener claro que especialidad quiero seguir, si todavía me quedan 3 años para ser médico?.
Las duda me invade. No quiero estudiar algo de lo cual pueda arrepentirme. No quiero ver las mismas patologías una y otra vez. La sola idea de caer en la rutina me aterra, y reafirma el hecho de elegir con cuidado lo que quiero llegar a ser.
Me gusta la medicina general. Eres capaz de ver varias cosas, el contacto con el paciente siempre lo tienes. Y si te cansas, ¡te puedes especializar!.
Probablemente más de alguno que esté leyendo ésto pase por el mismo problema. Si no, soy muy raro. Pero algo he logrado sacar en limpio, y es gracias a mis amigos que me han hecho entender algo.
Una oportunidad jamás se rechaza.
Hugo (alias gato) un amigo y compañero de curso, comentaba que aunque no le gustara la psiquiatría, si le ofrecían una beca, no la iba a rechazar. Yo no soy tan categórico como él, pero cuando salga voy a aprovechar las oportunidades.
La práctica de atención abierta ha sido, por lejos, la mejor experiencia médica que he tenido. Además, he conocido a mucha gente maravillosa que me ha enseñado mucho y que con la cual he compartido experiencias, carretes, etc.
Pero algo he sacado en claro. No debo disparar al cielo y arriesgarme con una especialidad que podría llegar a odiar. Voy a dejar que pase el tiempo. Voy a esforzarme para llegar a ser médico general de zona, y aprovechar la oportunidad. Y quien sabe, quizás mañana se me ocurra que quiero llegar ser…
… Lo dudo, pero soñar no cuesta nada











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