La situación empeoró cuando, hace 3 semanas, llegó un paciente con una herida cortopunzante en el antebrazo derecho. Era para poner 7 puntos. Un caso fácil. No suponía ningún problema.
Llega el Doctor Lagos (un médico general de zona, bueno para el garabato, pero también bueno para la talla), nos mira a todos. Me pasa el equipo de suturas y me dice:
- Ya huevón, te toca…
En ese momento el terror se apoderó de mi. ¡Ni siquiera me sabía el número de guante que usaba!. A duras penas me puse los guantes y armé el campo estéril (eso fue la única cosa decente que aprendí de cirugía). Puse la lidocaína, y todo se puso peor.
Primero, no sabía tomar la aguja con la tijera. La pinza quirúrgica la tomé al revés, y cuando pude tomarla bien, la incrusté en la piel (se supone que debe ser suave). Pasé el punto demasiado ancho, y no supe amarrarlo.
A esas alturas sudaba a mares, y todos me estaban mirando. Me desesperé, le pasé la pinza al doctor y le dije: no puedo hacer ésto. El doctor me mandó un rosario completo de garabatos, y me sacó del lugar.
Cuando llegué a mi casa, no podía con la frustración. Tomé aguja e hilo, e intenté hacer puntos de sutura. No me resultó nada. Así que, decidido a que debía aprender sí o sí a suturar, tomé mis cosas y volví a urgencias.
A esas alturas estaba el doctor Valenzuela (otro médico general de zona, y director del hospital de Teno. Un gran doctor y una gran persona). Me mira llegar y me pregunta qué me pasa.
En ese momento me desahogué y le conté lo que me había pasado, sumado a la frustración que tenía. Me miró sorprendido, luego me dice:
- Pero Pablo, no te desesperes. Nadie nació sabiendo. Es un hecho
- Sí – le respondí -. Sin embargo, no puedo estar tranquilo así que decidí venir a reforzamiento, e intentar aprender a suturar sí o sí…
En eso llega el Doctor Lagos.
- ¿Y tú que haces acá?
(Le conté la historia)
- Sí, pero no esperes que lleguen pacientes con lesiones para suturar, porque no te los voy a pasar.
- Entonces, ¿qué hago?
Después de pensar un rato, el doctor sonríe, y dice:
- Bueno, es hora del Suturator 2000
Se dirige a los cajones, toma 1 toalla y papel de envolver. Además, toma cinta adhesiva, y arma el siguiente modelo:
Y con eso me puse a practicar. Con la ayuda del Doctor Lagos y el Doctor Valenzuela pude aprender a hacer algo decente. Además, me llevé el suturator a la casa para practicar. Así estuve 2 semanas, todos los días repasando una y otra vez. Lo llevaba a la práctica de urgencia, así que mis compañeros de práctica también lo vieron y quisieron ocuparlo. Fue tanto el éxito que armamos el modelo Master Classic 2, hecho de un material más rígido.
Y al fin, después de 2 semanas, dominé el arte de suturar. La prueba de fuego fue el viernes pasado. Paciente con cuerpo extraño en antebrazo (una rama de 5 cm.), necesitaba sutura.
Y lo logré. Yo la anestesié, saqué el cuerpo extraño y la suturé. Ni siquiera sudé.
Al terminar, conversaba con el Doctor Valenzuela, y él me dijo:
El ser médico es un aprendizaje constante. No puedes pedir saber de la noche a la mañana. Nadie puede saber así de rápido. Sin embargo, debes preocuparte de aprender en cada momento, y no desesperarte. De esta manera, aprenderás mejor e inspirarás confianza a tus pacientes y a tu equipo de trabajo. Nunca lo olvides











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